Del pánico y la incertidumbre

Querido curso

Como algunos ya sabrán, la pedagogía Waldorf no sólo demanda la educación de los pequeños, sino que también, e incluso más importante, la de toda la comunidad educativa, es decir, de padres y maestros, pues es esta la base de un pilar sólido que se retroalimenta y fomenta el más sano de los desarrollos en todas las esferas de los alumnos;  por ello, en la medida de las posibilidades que nos brinde el contexto, la idea es que podamos irnos nutriendo de pequeñas cosas, desarrollar actividades o charlas sobre dudas o necesidades. Siempre que pueda ejecutarlas las realizaré. Es precisamente por ello que estas cartas pueden llegar de manera imprevista, no siendo verdades dogmáticas, sino material de diálogo para quien lo desee.

Hoy hablaremos un poco del pánico, que es un enemigo silencioso, una de las caras negativas de nuestro incomprendido amigo: el miedo. El miedo, es en si, ese amigo precavido que nos indica cuando no estamos preparados, quién nos advierte de los peligros y nos incita a mejorar para lograr saltar el muro de fueg0; sin embargo, no todos las caras del miedo son iguales y algunas, además de escandalosas, pueden incluso matonearnos, por eso debemos comprender cuál de esos amigos nos está  hablando, sobre todo ahora que nos enfrentamos a una nueva ola de incertidumbre.

El pánico es nuestro amigo más escandaloso. Irracional, acelerado y nervioso, el pánico siempre viene acompañado de incertidumbre, quién es la que señala la ausencia completa de control, el no saber que pasa, el perder las riendas; es aquel caballo brioso que se desboca al ver una serpiente u oler a una potra en celo. Pánico susurra al oído que debemos buscar una solución, no sabe cuál, no sabe tampoco cómo, pero nos la grita constantemente al oído al punto de generar en nosotros dos cosas: inmovilización o acciones repentinas sin sentido. Pánico puede ser sutil  y solemos no darnos cuenta de su actuar, pues muchas veces habla sincero y pausado, le tiembla la voz muy disimuladamente, pero se reafirma, muchos le secundan y no se dan cuenta que crece en su corazón; al final Pánico suena tan racional que lo integramos en nuestro ser sin darnos cuenta y se queda con una máscara de seguridad y control. 

Esto nos lleva a nuestro actual estar: un año de terror e incertidumbres que se aviva con una esperanza que parece volverse falsa y nos da un gancho en el hígado con la incertidumbre pavorosa de una nueva cuarentena y medidas desconocidas. La reflexión es ¿cómo esto nos afecta internamente y  ,de manera“racional”, nos lleva a crear un espacio de terror alrededor de la infancia de la que se está a cargo?. Es bueno hacerse este cuestionamiento pues, después de un año de bombardeo mediático, Pánico ahora se ha cambiado el nombre a <<nueva normalidad>> y esta sensación de <<control>> se extrapola fuertemente en los más pequeños, creando en ellos un frío intenso que destruye sus fuerzas anímicas y les lastima, pues, cómo lo escribió el psicólogo Miguel Angél Conesa Ferrer, <<la ausencia de contacto se ha vuelto un valor añadido>> y no hay nada más dañino para un niño que la falta de contacto humano.

Es interesante ver casos alrededor del mundo dónde los niños, mecánicamente, con ese pánico que se ha vuelto inconsciente, buscan mascarillas, alcohol gel o incluso lloran al sentir que han expuesto a esa incertidumbre, a aquel asesino invisible que está en todas partes, pues así lo ha indicado todo y todos. 

Los invito pues a que se cuestionen cada acción inconsciente que han guardado en sus corazones y que no sucumban a esta nueva ola de incertidumbre y pánico; les arengo a que se cuiden, si, pero no que desfallezcan en el compulsivo acto de las <<políticas de bioseguridad>>, tan rebatidas, cuestionadas y eclécticas, los incito a buscar el sentido común y a proporcionar, de la manera que puedan, un ambiente cálido en casa, recordando las bellas palabras de Carolina Vaca Zeller, pediatra de Yohanas therapeutes: 

<<Ustedes, adultos responsables de niños son su cobijo, su tranquilidad, su lugar seguro en el cual esperan poder desarrollar plenamente su ser niño. Hay que estar a la altura de estas sagradas responsabilidades.Ustedes, adultos responsables de niños son su cobijo, su tranquilidad, su lugar seguro en el cual esperan poder desarrollar plenamente su ser niño. Hay que estar a la altura de estas sagradas responsabilidades.>>

No siendo mas, les deseo una grata semana y espero poder sondear el pánico que me rodea para regresar.

ATT: Raúl Alberto Montoya Rodriguez  – Prof. 4° Básico


Psicólogo con enfoque logoterapeutico y docente Waldorf del colegio Rukantu

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